2020: Un punto de inflexión para la libertad de prensa y el periodismo

Los/as profesionales de la salud y otros/as trabajadores/as esenciales han estado luchando en primera contra la pandemia y sus efectos durante los últimos meses. Pero también lo han hecho los/as trabajadores/as de los medios de comunicación, quienes han garantizado el artículo 19 de la Declaración Universal de Derechos Humanos que protege el derecho de las personas a recibir y difundir información libremente. La labor del periodista ha sido especialmente vital en 2020, año en el que el acceso a una información de calidad y verificada sobre la pandemia del Covid-19 ha salvado, literalmente, vidas.

Credit: IFJ

Desgraciadamente, estos esfuerzos han tenido un coste humano gravísimo para nuestra profesión. Desde el comienzo de la pandemia, periodistas de todo el mundo han arriesgado sus vidas para informar sobre la pandemia sin el equipo de protección adecuado ni la formación de seguridad necesaria. En estas circunstancias, docenas de compañeros/as se infectaron con el virus Covid-19 mientras hacían su trabajo y han muerto como resultado. Su memoria permanecerá para siempre grabada en nuestras mentes.

Puede que el periodismo no sea considerado una de las profesiones más peligrosas del mundo; las cifras globales de trabajadores/as de los medios asesinados/as muestran lo contrario. Además de las muertes relacionadas con el Covid-19, la Federación Internacional de Periodistas (FIP) ha registrado desde que comenzara el año un total de 42 asesinatos de periodistas y personal de medios de comunicación en ataques dirigidos contra ellos/as, atentados con bombas y tiroteos. La pandemia del Covid-19 ha acentuado esta situación, amenazando las condiciones de seguridad, empeorando el contexto en el que los/as periodistas hacen su trabajo y aumentando el número de muertes.

Desafortunadamente, esta situación no es nueva. El Libro Blanco del Periodismo Mundial de la FIP, lanzado el 10 de diciembre en el Día Internacional de los Derechos Humanos, enumera la terrible cifra de 2658 periodistas asesinados/as en los últimos 30 años. Esto equivale a unos/as dos periodistas o trabajadores/as de los medios asesinados/as cada semana. Esta es la inaceptable realidad de nuestra profesión.

La historia detrás de estos números es que los/as periodistas más atacados/as y vulnerables son los/as periodistas locales. Contrariamente a lo que se podría pensar, casi el 75% de los periodistas asesinados/as en todo el mundo no murieron situaciones de fuego cruzado o en coberturas en zonas de conflicto. Se trata más bien de asesinatos selectivos, de colegas asesinados/as por sicarios que escapan rápidamente de la escena del crimen, de periodistas disparados/as o apuñalados/as en la puerta de sus casas o trabajo, o encontrados/as muertos/as tras ser secuestrados/as y torturados/as. Este es el caso de México, un país que no está en guerra, pero que tiene el segundo mayor número de periodistas asesinados/as (178) en el período 1990-2020, después de Irak (340).

Los/as periodistas arriesgan sus vidas en el desempeño de su trabajo, pero también ponen en riesgo su libertad. Al menos 235 de ellos/as están actualmente en prisión en 34 países por casos relacionados con su trabajo y acusados de actuar “contra el estado". De nuevo, la pandemia ha empeorado esta situación, ya que muchos gobiernos han utilizado las medidas contra la pandemia como pretexto para restringir la libertad de prensa y poner más presión sobre el periodismo crítico e independiente.

Los asesinatos de periodistas y las detenciones arbitrarias han tenido un impacto dramático en la libertad de prensa y el derecho de las personas a estar informadas. Matar o poner a periodistas entre rejas envía un mensaje amenazante a los/as compañeros/as que planeaban informar sobre aquellos temas que los poderosos desean ocultar. Esto acaba generando autocensura en torno a un tema o una región, y hace un tremendo daño a la democracia en tiempos de pandemia, cuando el papel de los medios de comunicación como fiscalizadores del gobierno y su transparencia es fundamental.

La violencia y los gobiernos autoritarios han amenazado la libertad de prensa en 2020, pero la crisis económica provocada por la pandemia también ha tenido un enorme impacto en el periodismo y sus trabajadores/as. Según una encuesta de la FIP, dos tercios de los/as periodistas en plantilla y periodistas autónomos/as han sufrido recortes salariales, pérdida de su trabajo o ingresos. El número de medios de comunicación desaparecidos es altísimo, especialmente entre medios locales y comunitarios, donde la pandemia ha tenido un impacto devastador. Sin medios de comunicación locales, miles de regiones del mundo corren el riesgo de convertirse en desiertos de información en uno de los periodos más difíciles de la historia reciente.

El año 2020 será sin duda uno de los peores para el periodismo mundial. Pero también está siendo año en que la profesión y sus sindicatos han reafirmado su papel e importancia, demostrando que pueden ganar y proteger los derechos laborales de los/as periodistas incluso en las situaciones más críticas, así como exigiendo que los gigantes tecnológicos paguen por el uso que hacen del trabajo periodístico y dejen de evadir impuestos.

Los afiliados de la FIP en todo el mundo también han tenido que hacer el trabajo que era responsabilidad de las autoridades, como proporcionar formación y equipo de seguridad a los/as trabajadores/as de los medios de comunicación o asistencia jurídica para proteger a los trabajadores/as de decisiones abusivas de sus empleadores.

Ha llegado el momento de que los gobiernos democráticos tomen medidas valientes de apoyo al periodismo, garantizar la seguridad de los/as trabajadores/as de los medios de comunicación y sus derechos en el trabajo, e introducir un impuesto sobre los beneficios de las plataformas online que ayude a salvar a los medios de comunicación y proteger el derecho a estar informado. El año 2020 es un punto de inflexión para la libertad de prensa: luchemos juntos contra las consecuencias de la pandemia, o nos arriesgaremos a ver cómo la libertad de prensa, y por lo tanto nuestras democracias, mueran.

 

Anthony Bellanger

Secretario General de la FIP