CESO-FIP denuncia ola de agresiones contra periodistas en Colombia

(Barranquilla, Piendamó, Neiva, Santa Marta, Barrancabermeja, 7 de junio) La amenaza a tres periodistas de Barranquilla con falsos paquetes bombas, es la última acción de la intolerancia contra la libertad de prensa que, en menos de un mes, dejó un saldo que pone en tela de juicio las garantías para el ejercicio de informar en Colombia: dos reporteros de medios alternativos capturados, dos más con su material periodístico robado, un comunicador sin el servido de agua, una emisora indígena destruida por la policía, otro refugiado en el exterior, y declaraciones altisonantes de políticos contra periodistas en distintas partes del país.


Gustavo Bell Lemus, director del diario El Heraldo de Barranquilla, y los columnistas del mismo periódico, Ernesto McCausland Sojo y Armando Benedetti Jimeno, recibieron –en sus residencias- cajas de cartón con un reloj conectado a varios cables, el pasado 3 de junio, los dos primeros; el último paquete, fue entregado dos días mas tarde. Las cajas iban acompañadas de sufragios donde se leía: “No te metas donde no te llaman. La próxima vez te la estallo”


Bell, fue nombrado director de El Heraldo a comienzos del 2005, tras su paso por la vicepresidencia de la República y el cargo de ministro de Defensa del gobierno de Andrés Pastrana (1998-2002). McCausland es, además, un reconocido periodista de Caracol Radio y realizador de cine. Por su parte Benedetty fue ministro de Comunicaciones en el gobierno de Ernesto Samper (1994-1998) y también es columnista del diario El Tiempo.


Todo parece indicar que la política editorial de El Heraldo frente a la corrupción y el caos administrativo en Barranquilla, así como las críticas de Benedetti y McCausland a los altísimos niveles de criminalidad, generaron las amenazas. Algunos medios como la revista Semana puntualizan que tanto un editorial del periódico como una columna de Benedetti alertaron sobre unas obras cerca al Arroyo del Country: “Los periodistas escribieron que esas construcciones perjudicaban el medio ambiente de la ciudad y un espacio apreciado por la gente”.


Periodistas de medios alternativos detenidos

Diez y seis días atrás, el 18 de mayo, dos colegas de medios comunitarios fueron detenidos y golpeados por la policía mientras cubrían la movilización de aproximadamente 12.000 indígenas y campesinos de los departamentos del Cauca, Nariño y Putumayo, al sur del país. Las protestas se realizaron contra el Tratado de Libre Comercio que firmará el gobierno de Álvaro Uribe con Estados Unidos, y para exigir el cumplimiento de viejos acuerdos sobre entrega de tierras.


Richar Calpa y Marcelo Forero, fueron los periodistas capturados por escuadrones del ESMAD, al interior de Radio Libertad, la emisora indígena de Totoró, junto a cerca de cuarenta personas más. Calpa, graduado en la universidad Javeriana, a sus 22 años es el director más joven de las emisoras del país. Al momento de su detención coordinaba las transmisiones en directo a través de la “radiocicleta”, transmisor móvil comunitario. El equipo completo fue incendiado por los miembros de la Policía Nacional.


Por su parte Forero, de 29 años, es reportero del periódico alternativo virtual El Turbión que, con 18.000 suscriptores y junto a la emisora virtual de la Organización Indígena de Colombia, ONIC, fueron los grandes informadores de las protestas que dejaron una saldo de varios muertos y heridos, y que fueron minimizados por la mayor parte de medios de comunicación. Durante los hechos, sucedidos en el resguardo indígena La María a unos 800 kilómetro de Bogotá, la sede comunal fue destruida y saqueada a tiempo que los vehículos y enseres fueron incendiados.


Ante la arremetida de las autoridades, la Organización Nacional Indígena de Colombia y varias organizaciones campesinas, emitieron un comunicado con un dramático llamado: “Señores de los medios de comunicación: por favor, dejen de hacerle eco a las mentiras del gobierno nacional y del gobierno departamental del Cauca y por lo menos publiquen lo que hacemos y decimos”. Los periodistas, cuyo paradero fue inicialmente negado por la policía, fueron liberados dos días más tarde.

Capuchas, corte de agua y secuestros contra la prensa


Simultáneamente en la ciudad de Neiva, la recién conformada Asociación de Periodistas del Huila, ASPEHU, denunció como varios jóvenes armados de cuchillos y con el rostro cubierto con capuchas, agredieron física y verbalmente al equipo de TV Novedades del Huila. Según explicaron, José Ignacio Valencia, director del espacio informativo, intentó salir de la Universidad Surcolombiana luego de adelantar un reportaje con un líder indígena, cuando los sujetos lo intimidaron junto a su camarógrafo, Mauricio Suaza Ramírez, obligándolos a entregar la cinta.


El ataque se produjo cuando jóvenes no indígenas, alegaran que el material fílmico iba a ser entregado al Ejército. “Otros jóvenes y adultos intervinieron para aclarar que tanto los periodistas como el espacio informativo eran muy conocidos en la región, sin embargo, eso no impidió el ataque”, explicó Valencia. Aspehu, rechazó la intimidación contra la prensa y conminó a los agresores a devolver la cinta con el material periodístico.


Y en un hecho insólito, sin antecedes, en la costera ciudad de Santa Marta, Raúl Caballero Rolón de Radio Magdalena, afiliada a la cadena Caracol, tuvo que padecer el retiro del contador de agua de su casa, por parte de una comisión de policías y funcionarios de la empresa española Metroagua. El periodista, director del espacio “Quejas y denuncias de la comunidad”, en varias ocasiones ha denunciado la mala prestación del servicio de agua en la ciudad y las altas tarifas impuestas por la empresa. Quienes retiraron el contador, justificaron su acción argumentando que debían investigar un posible fraude por parte del periodista y su familia.


A finales de mayo, un periodista, cuyo nombre mantenemos en reserva, se vio obligado a salir del país, luego que fuera secuestrado por un grupo de hombres armados en el centro de Bogotá, mientras se encontraba huyendo de amenazas recibidas en la ciudad donde residía y trabajaba, al sur del país. Una semana más tarde y luego de ser mantenido en cautiverio en una finca, el reportero gráfico fue dejado libre en la ciudad de Cali. El periodista y si esposa, se exiliaron con el apoyo del comité de protección de periodistas del ministerio del Interior, La Fundación para la Libertad de Prensa, y el Centro de Solidaridad de la Federación Internacional de Periodistas, Ceso-FIP.


Finalmente, el periodista Diro Cesar González, director del semanario La Tarde, y su esposa, también periodista, quienes en enero tuvieron que huir del puerto petrolero de Barrancabermeja, por la presencia de hombres armados, motorizados, frente a su residencia y tras figurar en un listado de periodistas que presuntamente asesinarán grupos paramilitares, recibió nuevas amenazas cuando estaba a punto de trasladar su residencia a una ciudad cercana. El proyecto de los periodistas era reabrir La Tarde, editarlo e imprimirlo fuera, pero dos hechos frustraron el proyecto: el anuncio de su muerte hecho por desconocidos a varias emisoras del puerto petrolero, y el secuestro de la diagramadora, quien en estado de gravidez, tuvo que enfrentarse a un intento de violación. Por suerte logró huir ante un descuido de los secuestradores, quienes le repetían constantemente: “tienes que dejar esa joda”, haciendo referencia al periódico.


Ataque presidencial al mensajero

Con excepción de las amenazas del último fin de semana, todas las agresiones contra periodistas se dieron en el marco de un tenso ambiente electoral, donde, a través del canal RCN televisión, el presidente de la República, Alvaro Uribe había protagonizado un enfrentamiento con el director de la revista Semana, luego que esta publicación y la revista Cambio, hicieran varias denuncias: un posible fraude electoral en las elecciones presidenciales del 2002 que favoreció a Uribe, infiltración paramilitar y corrupción en el Departamento Administrativo de Seguridad, DAS, y la posibilidad de varios crímenes de Estado.


En esa ocasión, el primer mandatario, visiblemente molesto respondió a los interrogantes, asegurando que se trataba de ataques no a su gobierno, sino a la democracia y las instituciones: “Aquí no estamos en un juego de muñecas. Estamos en una cosa muy seria, que la debería entender el doctor Alejandro Santos (director de la revista), en lugar de continuar con publicaciones graciosas y frívolas, haciendo daño a la legitimidad institucional”.


Junto al escándalo producido por la corrupción en el DAS, la “salida de casillas” del presidente fue el punto de partida para que varias organizaciones que defienden la libertad de prensa, así como connotados columnistas, se pronunciaran. La conclusión fue de lejos unánime: además del inadecuado tono, dada su investidura, Uribe cometió un grave error al descalificar a la prensa, y al centrar su ataque en el mensajero, dejando de lado el preocupante mensaje.


Centro de Solidaridad de la Federación Internacional de Periodistas

Ceso-FIP